Testimonios

Paciente: Ricardo Navarro Mendoza

Todo comenzó a finales del año 1999, cuando una mañana después de bañarme descubrí que debajo de la axila derecha tenía una mancha roja completamente redonda y en el centro se empezó a formar pequeñas capas blancas que parecían escamas y que al partirse se desprendían, durante los meses de enero y febrero del 2000 acudí a consultar a varios médicos, uno de ellos dermatólogo de una clínica que me diagnostico micosis y me receto unas pomadas que prácticamente no solucionaron el problema.
Un día muy temprano en la oficina donde laboraba un compañero me dijo:
– Ricardo ¿Que tienes? ¿Estás enfermo?
– ¿Porqué? – Conteste extrañado.
– Es que tienes tu cara muy enrojecida y además se te formaron unas manchas como de color amarillo, ve a verte en el espejo del baño.
– Sí voy a ir a verme, aunque se me hace raro que tenga algo porque en la mañana que me bañe no me percate de algo especial- Le dije.
De inmediato me dirigí al baño y efectivamente observe que el rostro estaba sumamente enrojecido, es más el color era como violáceo y si tenía pequeñas manchas amarillas, salí de ahí y fui a una farmacia para comprar unas pastillas de “Avapena”, pues es lo más común que se usa para las intoxicaciones.
Al paso del tiempo el enrojecimiento continuo descendiendo lentamente hasta cubrir la totalidad de mi cuerpo, recuerdo que mis hijos Ricardo Alfonso y Daniel Humberto junto con mi esposa Mireya me quitaban el “pellejo” de la piel como si fueran tiras, entonces comenzaron las molestias de comezón y ardor constantes, el bello del cuerpo desapareció, los pies se me hinchaban como si fuesen a reventar, me encontraba totalmente descontrolado y creo que sumamente asustado por no entender que estaba sucediendo, recuerdo que una noche después de embadurnarme el cuerpo con vaselina pura me pusieron “polvo de haba” para calmar las molestias y al despertar el ver toda la sabana sucia y llena de grasa sentí rechazo, pena y coraje no se contra que, por lo decidí empezar a dormir en unas colchonetas en la sala del departamento, recuerdo como mi esposa todas las mañanas después de sacudir las sabanas y las colchonetas al barrer la alfombra recogía muchísimo de ese un polvo extraño que se desprendía de mi cuerpo. Además la temperatura corporal se vio afectada a tal grado que a veces sentía un frió intenso y en otras la temperatura fue tan alta que incluso en las madrugadas Mireya ponía un trasto con agua lleno de hielos y utilizando un pedazo de tela la remojaba para pasarme el lienzo helado en el cuerpo para que bajara ese calor que me quemaba y que parecía como si tuviera fuego.
Sucedió algo todavía más desconcertante, en la cabeza se formo una capa gruesa y dura que provoco que se me cayera mucho cabello, dolores de cabeza constantes y también se fueron formando en las manos y en los pies una capa muy gruesa como si fuese una callosidad y dura como especie de cuero que me impedía por ejemplo tomar con mis manos los objetos, pero faltaba aún lo peor y fue cuando esa capa gruesa se fue cuarteando y tanto los manos, como los pies comenzaron a sangrar, incluso en ocasiones sin que yo me percatara las gotas de sangre iban escurriendo por las heridas de mis manos.
Por el terrible daño me fui aislando de la gente por vergüenza de que vieran en qué estado me encontraba, de mi propia familia por el miedo a que los fuese a contagiar y los días que tenía que salir a la calle lo hacía cubierto con chamarras que tuvieran capucha, la cara me la cubría con unos lentes obscuros muy grandes y las manos me las vendaba para evitar que cuando sangraran fueran a manchar alguna cosa.
La vida había cambiado no olvido un día que mi esposa tuvo que salir y cuando íbamos a comer mi hijo Ricardo me sirvió un plato de sopa el cual tome entre mis manos, fue entonces que el reacciono y se acordó que yo no podía sostener algunos objetos por la lesión de mis manos y me quito el plato me indico que me sentara y lo puso en la mesa, en ese momento no pude resistir más me levante y fui hacia la recamara y me invadió un llanto incontenible. ¿Por qué me estaba pasando esto? ¿Por qué si yo siempre vi, por mis hijos y ahora tenía que molestarlos y depender de ellos? ¿Estaría así el resto de la vida? No había respuesta.
En esta circunstancia aparecieron sentimientos extremos e incomprensibles, sentía enojo y coraje, tenía pena y dolor por la enfermedad, a veces me avergonzaba como si yo fuese el culpable por padecerla, el miedo era constante al creer que podía contagiar a mi esposa y a mis hijos, la incapacidad en que me encontraba producía frustración, desaliento y mucha tristeza, hubo noches en que con temor pensaba que ya no iba a amanecer, los momentos de depresión se hicieron insoportables.
Sin duda los enfermos de psoriasis que lean estas líneas comprenderán de qué les estoy hablando.
Un día llego mi madre y mi hermana a visitarme, al verme las lesiones en todo el cuerpo, mi madre me dijo:
– Ricardo fíjate que dicen que en la jardín Balbuena esta un médico general que es muy acertado ¿Por qué no vas a consultarlo?
– Si, dime en donde tiene su consultorio y si quieres vamos – Le conteste.
Esa misma tarde mi madre y mi familia me decidieron acompañarme para ver al doctor, cuando me toco mi turno pase junto con mi esposa Mireya, al momento de entrar el doctor me señalo que tomara asiento al otro lado de un pequeño escritorio y me pregunto:
– Buenas tardes señor ¿Qué es lo que le pasa?
– No lo se doctor, me parece que estoy intoxicado u otra cosa, vea usted – Le dije al momento que me fui descubriendo el rostro y parte del cuerpo para que me viera.
– Vamos a ver, voy a proceder a revisarlo – Dijo.
Procedió con parsimonia a revisarme con sus aparatos los ojos, la nariz los oídos, la boca y la garganta, al terminar se paro enfrente de mí y comento:
– Señor yo no puedo hacer nada por usted.
– ¿Por qué doctor, como es que no me puede ayudar?
– Así es señor, usted ya tiene muy severas lesiones en sus órganos internos, tiene que ir de inmediato a consultar a un dermatólogo, un especialista que lo pueda atender, ya no puede esperar – Dijo con seriedad.
– Esta bien doctor, ¿Cuánto le debo de la consulta? – Le pregunte.
– No me debe nada señor, ya no estaba en mis manos ayudarlo – Contesto con cierta ternura.
– Gracias doctor, con permiso – Le dije a ese doctor honesto y de gran ética profesional.
Salí de ese lugar sumamente desconsolado, la esperanza de que aquel médico me pudiese ayudar se había desvanecido, no quedaba nada más que hacer, con mucha tristeza le dije a mi hijo:
– Ricardo, vamos a dejar a tu abuela y después ¿Me podrías llevar a mi grupo a escuchar una junta? Hace mucho que no he podido asistir por la enfermedad.
– Si padre te llevo a tu grupo y al acabar la junta regreso por ti, no te preocupes.
El grupo al que quería ir es uno de Alcohólicos Anónimos, en ese lugar hacia 15 años que una noche también había llegado muy desesperado a pedir que me ayudaran y con todo mi agradecimiento y amor puedo decir que esos hombres y mujeres como conductos de DIOS hicieron su labor salvando mi vida, desde ese día nunca más he vuelto a beber una solo copa de alcohol.
Al terminar la junta un compañero del grupo que trabajaba en el Hospital General me dijo: Ricardo porque no vas al Hospital ahí están los mejores dermatólogos de México, yo te puedo canalizar con uno de ellos.
Al día siguiente me presente en el Hospital y mi amigo me llevo a la unidad de dermatología y después de cubrir unos requisitos me presento al doctor José Antonio Sanabria, un excelente profesional de la salud y con una gran calidad humana, me reviso las lesiones y me mando hacer algunos estudios y una biopsia que ayudara a precisar bien la enfermedad, el resultado de la biopsia fue “posible parapsoriasis”.
Una ocasión le comente al doctor un  poco desesperado:
– Doctor ya pasaron más de dos meses y no veo que mi piel mejore, si bien es cierto que ya son menos las molestias las lesiones no desaparecen.
– No se desespere usted, le quiero decir que los casos como el suyo los tenemos internados en el hospital de 3 a 4 meses para poderles bañar 3 o 4 ocasiones al día aplicarle constantemente su crema y darles sus medicamentos y usted esta enfrentando la enfermedad estando en su casa, eso influye para que la mejoría sea más lenta por eso le pido que tenga paciencia, se que es difícil pero así tiene que ser.
– Esta bien doctor intentare mantener la confianza y tratare de estar tranquilo.
Por el incierto diagnostico de la enfermedad, en cuanto pude busque en el Internet y encontré lo siguiente:
“Psoriasis, enfermedad de la piel no contagiosa, incurable se espera que para el 2025 se descubra algo”
El saber que no era contagiosa me dio mucho alivio por el miedo que genere de poder contagiar a mis hijos y a mi compañera, pero por el otro lado sí fue muy impresionante saber que era incurable, por lo que surgió la interrogante ¿Acaso no me llegare a aliviar nunca?
Debo mencionar después cuando iba a consulta con el las siguientes visitas que hice al doctor José Antonio Sanabria no tenia ya el pensamiento de que me sanara, había algo muchísimo más importante cuando aquel hombre me preguntaba como seguía y al momento en que yo le mostraba mis manos agrietadas y lastimadas por la enfermedad, recuerdo que él me las acariciaba con ternura y entonces llorando le confesé:
– Doctor quiero decirle que sufro mucho por el rechazo social del que soy objeto por esta enfermedad, esto me ha llevado aislarme de todo y a sumirme en la tristeza.
– Llore usted Don Ricardo, no tenga pena y no se olvide que las lágrimas limpian el alma.
¡Cuanto consuelo y comprensión recibí del doctor José Antonio Sanabria! Le guardo un profundo agradecimiento.
Hubo un tiempo en que parecía que estaba en plena mejoría, la piel se había desinflamado y lo enrojecido disminuyo, sin embargo llego un “rebote” muy fuerte de la psoriasis, otra vez todo el cuerpo estaba se vio afectado y la situación se volvió muy difícil, la ilusión que tenía de poderme aliviar desapareció de mi mente, las molestias se volvieron realmente insoportables, las altas temperaturas eran constantes, el dolor en casi todo el cuerpo no me permitía ni siquiera estar acostado, entonces llego el momento en que no lograba dormir por uno o dos días, fue así que una de esas noches de desesperación le dije a mi familia:
– Mireya es un poco tarde váyanse tu y  los hijos a descansar, ya estuvieron casi todo el día ayudándome, no creo que vaya a necesitar algo, me siento muy cansado y creo que ahora si podré quedarme dormido.
– Si quieres me espero a acompañarte hasta que te quedes dormido y después me voy – Comento mi Esposa.
– Gracias, de verdad no hace falta porque estoy seguro que me dormiré rápidamente. – Conteste.
¡No era cierto! Sabía que no podría dormir de momento, quería estar solo para desahogarme, por e4so en cuanto mi familia se retiro las lagrimas empezaron a deslizarse por mi rostro, estaba desesperado el calor del cuerpo se hacia insoportable, sentía toda mi piel lastimada, tenía mucho miedo, las heridas del alma me lastimaban más que las del propio cuerpo, sumido en la desesperanza como pude me arrodille apoyado en un sillón y llorando de dolor me dirigí al DIOS en que yo creo y le dije:
“Gracias DIOS mío por esta enfermedad que es incurable, no tengo porque reclamar absolutamente nada, tampoco te pido que me sanes si no es tu voluntad, Tú sabes lo que he tenido que sufrir, como a veces me abate el miedo y la desolación, solo ayúdame a seguir teniendo fe en TI porque a veces creo que la he perdido, dame fortaleza para seguir adelante y ayúdame a seguir creyendo en Ti porque en ocasiones siento que ya no estás, que ya te fuiste de mi vida; Señor permíteme saber porque dejaste que me diera esta terrible enfermedad, ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué es lo que quieres de mí? “
Aquella noche sentí un descanso en el alma, aún sabiendo, que cuando algo le pregunta a ese Ser Superior, las respuestas de El no serán directas e inmediatas, porque los tiempos de DIOS nunca serán iguales a los tiempos de los hombres.
Con el tratamiento fui teniendo una lenta mejoría aunque las placas de psoriasis seguían siendo evidentes y la cara continuo muy enrojecida, un día un compañero de la oficina me dijo que conocía a una persona que tenia psoriasis y que estaba pasándola muy mal, me proporciono el número telefónico y le hable:
– Por favor con el señor Martín
– Si el habla, que se le ofrece – Se escucho
– Martín, mi nombre es Ricardo tu no me conoces pero un amigo tuyo me dijo que tienes psoriasis y te encuentras mal, yo también padezco esa enfermedad, por eso te llamo porque me gustaría platicar contigo, te invito a tomar un café si es que puedes.
– Si tengo psoriasis y de verdad me siento mal, dígame usted en donde nos podemos ver y yo acudo – Me contesto.
– Mira Martín como tu vives por el norte de la ciudad que te parece si nos vemos en un conocido café que esta por la estación de Buenavista el martes a las seis de la tarde.
– Esta bien ya se en donde esta ese lugar, pero ¿Cómo nos vamos a conocer? – pregunto.
– Pues tu dime como vas a ir vestido – Respondí.
– Voy a llevar una chamarra negra grande, una gorra, mis… – Le interrumpí.
-Ya se lo demás Martín, no te preocupes yo te voy a reconocer cuando llegues – Le comente.
Esa noche durante más de 3 horas estuve escuchando el miedo que tenia Martín de contagiar a sus hijos, la vergüenza que le causaba la enfermedad, el sentir muy mal como si el fuese el culpable de padecerla, como si fuese un castigo o una maldición, su perdida de fe, el rechazo de la gente, las ideas del suicidio, cuánto dolor y sufrimiento estaba viendo es ese momento y lo compendia perfectamente, por eso le pude decir que yo había estado en esa misma circunstancia tan lamentable, pude hablarle sobre la esperanza, de que intentara recobrar la fe y que le pidiera al DIOS en que el creyera, que lo ayudara y que no dudara de que EL lo iba hacer.
Cuando salimos a la calle y recuerdo que le extendí la mano a Martín en señal de despedida, pero no sé porque él  no se atrevía a sacarla de su bolsa, entonces le pregunte:
– Martín ¿Por qué no me quieres dar la mano para despedirnos?
– Me da vergüenza señor porque tengo serias lesiones – Me contesto agachando la cabeza.
– A ver permíteme ver cómo están tus lesiones – Le indique.
Martín saco la mano de la bolsa del pantalón y efectivamente tenía varias lesiones en forma de circunferencia pero que no estaban secas, en medio de ellas se veía como si tuviese un líquido, entonces le tome su mano con mucha ternura y lo salude, después nos dimos un abrazo y comenzamos a llorar los dos y él me dijo emocionado:
– Señor cuanto le debo por lo que está haciendo por mí, por su tiempo, por todo lo que me dijo y por ayudarme, dígame por favor ¿Cuánto le debo?
– Nada Martín a mi no me debes nada, solo te voy a pedir que cuando vayas sanando busques a otro enfermo de psoriasis y hagas lo mismo que yo hice contigo y con eso quedara pagado todo.
Cuando me estaban practicando la biopsia por parte de un joven doctor, no se porque le comente:
– Doctor fíjese que he estado buscando en el Internet si había grupos de autoayuda para la psoriasis o algunos institutos o asociaciones y no hay nada en México, bueno ni en Latinoamérica, únicamente encontré que hay asociaciones en Estados Unidos, en España, en Alemania y otros países europeos pero por aquí no hay nada.
– Así es señor, pero yo le puedo decir que aquí en el Servicio de Dermatología hay un médico que está interesado en reunir a los pacientes de psoriasis, no sé el motivo o la razón, pero el está muy interesado. – Dijo el doctor.
– ¿Quién es doctor? ¿En donde lo puedo localizar? – Le interrogue.
– Es el doctor Fernando y usted lo puede localizar en el consultorio número 6 – Me respondió.
Al concluir la pequeña intervención salí presuroso en dirección del consultorio indicado al encuentro del doctor Fernando al llegar al lugar observe que la puerta estaba cerrada, con cierto nerviosismo no sabía si tocar la puerta o esperar a que el doctor o un paciente las abriera, no pudo esperar más y se decidí por la primera opción, después de unos instantes escucho una voz firme que decía:
– ¿Quién es? ¿Que se le Ofrece?
– Doctor, buenas días podría pasar a verlo un momento – Conteste.
– Abra y pase por favor – Contesto el doctor.
Rápidamente abrí la puerta del pequeño consultorio y me introdujo en el, de soslayo observe que detrás de un escritorio estaba el doctor con su bata blanca y a un lado una doctora joven de apariencia muy agradable, al voltear la mirada hacia el doctor, este con gesto notoriamente adusto y en una actitud poco cordial me cuestiono;
– Dígame por favor que quiere
– Puedo hablar con usted – dijo al momento.
– ¿Tiene usted consulta? ¿Trae su carnet de citas? – Pregunto el doctor un tanto impaciente.
– No doctor, no tengo ninguna cita para consulta – Conteste.
– Entonces no puedo atenderlo, no ve que allí afuera están muchos pacientes esperando a que se les brinde la atención – Dijo tajante el doctor Blancas.
– Solo le pido unos minutos de su tiempo, por favor doctor – Argumente.
– Esta bien cierre la puerta y dígame que es lo que desea – Accedió el doctor.
– Doctor soy un paciente de psoriasis, me acaban de practicar una biopsia para ver la evolución de la enfermedad y el doctor que la realizó, me indico que usted tiene intención de agrupar a los pacientes de psoriasis o de organizar reuniones y yo doctor me pongo a sus órdenes para apoyar en todo lo que se requiera hacer para lograr la integración de los pacientes, aun desconociendo los fines que se persigan con ello – Le dije.
Al escuchar el doctor Fernando el argumento y el propósito que me llevo a entrevistarme con él en ese consultorio, volteo la mirada hacia la joven doctora que en esos momentos le acompañaba para dar las respectivas consultas a los pacientes y le dijo:
– Mira nadamás, no te parece extraño que hace unos minutos precisamente te comentaba sobre la importancia y la necesidad vital de poder reunir o agrupar a los pacientes de enfermedades como el pénfigo, vitíligo o de Psoriasis y se presenta en estos momentos este señor que no conozco, que nunca antes lo he visto en mi vida, con la única intención de ofrecer su ayuda ¿Te parece que esto sea una simple coincidencia o casualidad? – Termino argumentando el doctor, a la vez que se creó un espacio de silencio entre los presentes, mismo que fue roto por el mismo doctor, quien se dirigió nuevamente a la doctora diciendo:
– Todo lo que ahora está ocurriendo no es producto de ninguna coincidencia o casualidad de la vida, porque estas cosas por inexplicables que parezcan no son de aquí, estas cosas son de allá arriba – Dijo el doctor Fernando señalando hacia arriba, mientras la joven doctora y yo cruzábamos nuestras miradas asombrados por lo que acabábamos de escuchar, el cual prosiguió dirigiéndose nuevamente a la doctora:
– Quiero pedirte que pongas mucha atención a lo que voy a decirte; los médicos como tú y yo, apoyados en todos los conocimientos que hemos adquirido en nuestra preparación y tomando en cuenta los grandes adelantos y descubrimientos de la ciencia médica, cuando nos enfrentamos a enfermedades tan difíciles de tratar como son el alcoholismo o la psoriasis, solo podemos ayudar a los pacientes en su tratamiento y rehabilitación hasta un límite, hasta ahí llegamos, porque después existe una región en donde tú y yo no podemos entrar, se llama la región del espíritu, allí es donde solo aquellas personas con enfermedades incurables pueden estar y de una forma extraña al compartir sus experiencias se pueden convertir en “médicos del alma” y esto lo logran agrupándose, ayudándose entre ellos mismos, aumentando su fortaleza y su confianza o fe para enfrentar la enfermedad. Solo alguien que padece una de esas enfermedades tan graves, puede ayudar a otro enfermo que padece lo mismo que él.
Escuchaba atónito la explicación del médico, sentí recorrer un frió helado desde de la cabeza hacia toda la espalda, las lagrimas estaban a punto de brotar, la razón es que yo padecía las dos enfermedades mencionadas alcoholismo y Psoriasis y por ello comprendía perfectamente de lo que estaba hablando el doctor Fernando, porque hacía más de 15 años que grupo de hombres y mujeres como conductos de DIOS habían salvado mi vida y desde entonces no había vuelto a probar una copa de alcohol.
Habían transcurrido casi dos años de aquella noche en que le pregunte a mi Poder Superior:
“Señor permíteme saber porque dejaste que me diera esta terrible enfermedad, ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué es lo que quieres de mí? “. Por eso no sabía si el encuentro con el doctor Fernando era la respuesta a aquella petición que hice y quizá nunca lo llegare a saber pero de pronto, como si todo estuviese misteriosamente acomodado, entonces hice una oración:
“Gracias Dios mío por todo lo que hasta hoy me has dado incluyendo esta enfermedad, siento una profunda emoción y agradecimiento hacia Ti, porque esta hermosa oportunidad de ayudar a mis hermanos enfermos que aún no conozco, sin esperar nada a cambio. Qué grande es tu misericordia Señor para alguien como yo que en su disipada juventud se alejo y blasfemo de Ti, deseando con intensidad que no existieras y que al día de hoy aún sin saber rezar, ni siquiera persignarme, sé que eso no es impedimento para que en estos instantes este sintiendo una  tranquilidad reparadora en el alma, que solo puede ser dada con Tú presencia”
Haciendo un intervalo, quiero aprovechar para mencionar que guardo un inapreciable afecto al doctor José Antonio Sanabria por su alto sentido humanitario, el fue el primero que me atendió de la psoriasis en el Hospital General de México; recuerdo que un día lo consulte para otro padecimiento diferente  a la psoriasis y al terminar la consulta le pregunte:
– Doctor Sanabria ¿Cuánto le debo de la consulta?
– Nada Señor Ricardo, no me debe usted nada – Contesto
– No puede ser doctor, en verdad dígame ¿Cuánto le debo? –Insistí
– Ya le dije que nada, créame que con su amistad basta y sobra – Contesto
Este fue otro regalo más, ¡Que conmovedor y que honor fue que aquel doctor me dijera esas palabras!
Tiempo después el doctor Fernando comenzó a darme el nuevo tratamiento de Fototerapia, que consistía en recibir dentro de una unidad los rayos o la luz ultravioleta desnudo recibía los rayos emitidos por las lámparas que estaban alrededor, recuerdo que me aplicaban entre 15 y 17 minutos de tratamiento que aprovechaba para decirle a Dios el profundo amor que sentía por EL y cuanto le agradecía por la familia que tenía y por todas sus bendiciones.
Por fin llego el día 24 de abril del año 2002 se efectuó en el aula 1 del Servicio de Dermatología del Hospital General de México la Primera Reunión de pacientes con Psoriasis y sus familiares, aproximadamente asistieron una treintena de enfermos con la intención de lograr integrarse, para ayudarse unos a otros. Este fue el origen de lo que hoy es la ASOCIACION MEXICANA CONTRA LA PSORIASIS, A. C.
Antes de que se realizase la segunda reunión de pacientes de psoriasis el doctor Fernando me llevo a uno de los consultorios y parándose enfrente de mí pregunto muy serio:
– Sabía usted que solamente los locos y los soñadores son las personas que se atreven a correr riesgos y comprometerse a tratar de realizar un movimiento de esta envergadura, en lo particular le digo que yo si soy de este tipo de gente, pero ¿Y usted? – Pregunto el Dr. Fernando.
-Yo también lo soy doctor, me puedo considerar como un loco o un soñador, por eso estoy aquí – Conteste.
Al término de la plática los dos hombres se estrecharon la mano con fuerza sellando un gran compromiso, conocedores de que la tarea apenas empezaba y que tendrían que sortear muchas dificultades pero sabedores y convencidos ambos, de que un Poder Superior a ellos mismos estaba presente y los guiaría en el camino.
Con esos fundamentos fue que la tenacidad, el esfuerzo continuo, la consistencia, la fe y la esperanza al final rindió sus frutos al dar nacimiento el 21 de Agosto del 2003, a la constitución legal de nuestra  querida ASOCIACIÓN MEXICANA CONTRA LA PSORIASIS, A. C.
No puedo negar que en algunos momentos pensé que la formación de la Asociación no daría ninguna resultado por la falta de entusiasmo de las personas, pero algo internamente no me dejo desfallecer, el recuerdo de los momentos más terribles de mi enfermedad y el apoyo  inconmensurable que recibí de mí esposa Mireya y de mis hijos Ricardo Alfonso y Daniel Humberto me infundía nuevos ánimos para seguir adelante.
No me resta más que elevar mí más profundo agradecimiento a DIOS por haberme permitido ser uno de los fundadores de la ASOCIACIÓN MEXICANA CONTRA LA PSORIASIS, A. C., por haber recibido el inmenso honor de presidirla y por haberme bendecido con las dos enfermedades incurables que padezco el alcoholismo y la psoriasis y que  me permiten servir y ayudar a mis semejantes en la forma y por el tiempo que EL lo decida.

Lucia Remigio Huerta
Soy madre de un paciente con Psoriasis y me gustaría contar la historia de lo que he pasado…Hace apenas unos nueve años que mi hijo empezó a padecer esta enfermedad. Anduvimos con varios médicos y ninguno atinaba a lo que tenía mi hijo; siempre confundían su enfermedad con Dermatomicòsis u “hongos”, para lo cual, obviamente los tratamientos no eran nada buenos ni los adecuados, y llegaron incluso a provocarle problemas de salud.
Así anduvimos en varios lugares, como lo fue en la universidad de Chapingo y su Fitotecnia, acupuntura y homeopatía, llegando finalmente al Hospital General de México, donde nos dijeron que había muy buenos dermatólogos. Los doctores de ahí, nos atendieron muy amablemente y; fue entonces donde nos explicaron que la enfermedad que tenia mi hijo es Psoriasis, nos explicaron que es una enfermedad que no se sabe cual es su origen y que no tiene cura, solo que puede controlarse bajo el cuidado medico. Esto ha sido muy difícil para mí emocionalmente, por que tampoco sabía que era esta enfermedad.
Empecé a desesperarme y a sentirme muy mal por el rechazo de la gente hacia mi hijo. Lo veían con recelo pensando que los iba a contagiar, pero en realidad a mi hijo no le importaba mucho lo que pensaran de él.
Mi hijo ha tomado su enfermedad como si fuera parte de su cuerpo. Ha entendido que va a vivir toda su vida con ella, pero a mi me ha tocado ver a pacientes que no lo aceptan y sufren mucho, que sienten el rechazo de la gente y de su propia familia.
Espero que pronto se de más información a nivel nacional, explicando que es la enfermedad Psoriasis y cómo podemos comprender mejor y ayudar a los pacientes con PSORIASIS.